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Todos sabemos que aquellos que rompen la ley de prohibición de asesinato son legalmente perseguidos. Todos los filósofos de la India nos hablan de la inmortalidad del alma. Así que, nadie nos puede matar ni podemos matar a nadie. Es solo nuestro cuerpo físico el que es mortal. Esto como todo en la Tierra es perecedero: tenemos un cuerpo en la infancia, otro en la edad adulta y otro cuando envejecemos.
Pero los seres humanos se matan todo el tiempo. El ser humano tiende a ser violento, en una lucha continua de cuerpo, mente y emociones. Por ejemplo, nos despertamos en la mañana y nuestra mente dice “Tienes que levantarte e ir a trabajar”, pero nuestro cuerpo perezoso, aún así, rechaza está orden. Como consecuencia un conflicto empieza entre ellos comienza. En otra ocasión, quizá, nos enamoramos, pero nuestra mente nos puede decir que no es normal, que no es moral. Y aún en otra ocasión nuestras emociones quieren sentir elevación y plenitud, pero nuestro cuerpo está débil y enfermo. ¡De nuevo se levanta el conflicto! Este estado de disputa nos hace impotentes, irritables y violentos hacía el mundo. Pero la verdadera razón de esto está en nosotros mismos: cuerpo, emoción y mente- como en el mito de Esopo y el cisne, el cangrejo y el pez- tirando de ti en direcciones distintas.
Yoga es, lo primero, la unión de cuerpo, mente y emociones. Esta unidad es solo posible cuando, te haces libre por un lado, entrenando tu poder de voluntad por otro, así como la habilidad de control del cuerpo, las emociones y la mente, podemos eventualmente independizarnos de todos ellos. Si fallamos, seremos por siempre esclavizados por los conflictos incipientes en estas guerras internas.
Nosotros debemos recordar que reprimir algo no nos libera de ello. Lo contrario, de esta manera, lo empujamos bien a dentro de nuestra subconsciencia solo para verlo surgir y de nuevo, causarnos conflicto.
Examinemos esta situación en profundidad. El cerebro humano está compuesto de miles de pequeñas células (neuronas). Cuando nos hacemos conscientes de un nuevo objeto las neuronas, bajo los impulso de esta estimulación, se unen en pequeños aglomerados, que sirven precisamente el propósito de retener la información acerca de la gente, trabajo, casa, amigos, etc. Cuando llamamos a la acción a uno de estas aglomeraciones, un conocido o una situación de nuestra vida vienen a la memoria. Si desarrollamos una buena concentración seremos capaces de recordar eventos pasados tan realistas que podríamos sumergirnos en el pasado.
Las aglomeraciones de neuronas consecuentemente forman grandes grupos de desagrado y agrado, donde recuerdos constructivos y depresivos se almacenan. Debería estar claro ahora que el cerebro está dividido en varios compartimentos en constante lucha, por ejemplo el compartimento responsable de la moralidad y el responsable de la sexualidad, o el compartimento responsable de la libertad, autonomía e independencia y el otro que siempre nos recuerda como alguien en algún momento nos oprimió o asusto. En este último ejemplo, podremos experimentar odio hacia esa persona, aunque lo único que conseguimos es destruir esa parte del cerebro donde esa información de la persona se almacena. Odio, ira y envidia, así como otras emociones negativas, son catastróficas.
Podemos incluso odiar a alguien que ni siquiera está en nuestro ambiente, incluso alguien que ha muerto largo tiempo atrás. Y todo porque este compartimento de este recuerdo todavía está activo.
Lo primero de lo que tenemos que darnos cuenta es que todo lo que sabemos del mundo está dentro de nuestra memoria. Esta clase de conocimiento se divide porque contiene un conflicto: cada compartimento tiene una clase de energía y cada uno lucha con el otro. Deberías hacer el esfuerzo de darte cuenta de que todo está dentro de ti. En superficie puede parecer que toda la gente y eventos son reales, pero en realidad esto no es más que partes internas de tu cerebro en constante dialogo con las otras. Yogas es, en primer lugar, lo que une todas estas partes en una, sin que ninguna oprima al resto. Hay tres caminos que nos llevan a la unión: el amor que une todas nuestras piezas internas y externas y disuelve los conflictos entre ellas. Miremos al interior buscando ese Yo que ya ama a todo el mundo, sin forzarlo, sin empujarse a amar.
Cada parte del cerebro tiene una conexión telepática con cada objeto encontrado en la memoria. Cuando tienes malos pensamientos acerca de una persona, le envías emociones negativas. Si la otra persona, por otro lado, no tiene negatividad, tus emociones no encontraran un similar y rebotaran de vuelta. Y si consigues influir en la persona y pasarle emociones negativas en cuanto os encontréis surgirá el conflicto. En este caso en que la persona no tiene emociones hostiles, serás como un cebo para más emociones negativas.
Cuando cada área de nuestro cerebro está predispuesta para un determinado flujo emocional, atrae energía similar e información del entorno y de otras personas. La magia se basa en esto. La gente que sabe esto crea una conexión de sintonía con lo Elevado, en otras palabras, con emoción religiosa y oración a través de oración, mantras, fe, ofreciendo servicio a Dios, elevando sentimientos y recibiendo conocimiento elevado a través de las artes creativas, pensamiento filosófico, desarrollando intuición, etc. Este lado desarrollado toma el control del cerebro, el conocimiento presente y métodos de Yoga, así como su efecto ayuda a unir las diversas partes del cerebro, así se hace posible que las personas puedan desarrollar su individualidad. Este camina atraviesa la encrucijada del conflicto entre la interno y externo; la gente aprende a vivir en armonía con sus mundos externo e interno.
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