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La observación es la meditación. No importa lo que usted observe. Puede observar los árboles, el río, las nubes, a los niños que juegan al lado. La observación es la meditación. No tiene importancia qué es lo que usted observa; la esencia no está en el sujeto. La cualidad de la atención, la cualidad de estar consciente y en alerta, eso es la meditación. Recuerde una cosa: la meditación significa estar consciente. Haga lo que usted haga, si está consciente, eso es meditación.
La pregunta no está en la acción misma, sino en la cualidad que usted imprime a esa acción. El caminar puede convertirse en meditación, si usted camina con atención. El estar sentado puede convertirse en meditación, si usted está sentado con atención. El escuchar a los pájaros puede convertirse en meditación, si se hace en forma consciente. El simplemente escuchar el ruido interno de la propia mente puede convertirse en meditación, si usted conserva la atención y la observación. Toda la esencia está en no vivir como en un sueño. Entonces, todo lo que usted haga, será meditación.
El primer paso en la toma de conciencia es aprender a observar el cuerpo.
Poco a poco el ser humano aprende a estar atento en cada uno de sus gestos, en cada uno de sus movimientos. En la medida en que usted se va haciendo consciente, empiezan a producirse los milagros: muchas de las cosas que usted hacía antes simplemente dejan de existir; el cuerpo se pone más relajado, el cuerpo obtiene más armonía. En el cuerpo se genera una gran tranquilidad; en el cuerpo suena una música sutil.
A continuación, como segundo paso empiece a tomar conciencia de sus pensamientos; hay que hacer lo mismo con los pensamientos. Son más sutiles que el cuerpo, por supuesto, y también más peligrosos. Cuando usted comience a estar consciente de sus pensamientos, se sorprenderá de todo lo que sucede en su interior. Si usted anotara todo lo que pasa en un solo instante, se encontraría con algo muy inesperado. Usted no creería que todo eso ocurre en su interior. Lea diez minutos después lo que anotó, ¡y verá una mente loca por dentro! Por el hecho de que no somos conscientes, toda esa locura sigue fluyendo en nosotros como una corriente submarina, afectando todo lo que hacemos y todo lo que no hacemos; influyendo sobre todo lo que se puede. ¡La suma completa de todo eso, es su vida!
Pues bien, ese loco debe ser cambiado. El milagro de la concientización consiste en que usted no debe hacer nada, salvo convertirse en alguien consciente. La misma observación de esa locura la modifica. Poco a poco el demente desaparece; poco a poco sus pensamientos comienzan a juntarse en modelos determinados; ya no hay caos, los modelos se convierten en una gran medida en un cosmos. Y entonces de nuevo se produce un gran sosiego. Cuando el cuerpo y la mente están en calma, usted verá que ellos también están sintonizados entre ellos, entre ellos hay un puente. Ahora ya no van en direcciones opuestas, no viajan en caballos distintos.
Por primera vez surge la concordia, que ayuda de manera inconmensurable en el trabajo para llegar al tercer paso: es decir, en hacerse consciente de los sentimientos, emociones, estados de ánimo. Es el nivel más sutil y el más difícil, pero si usted puede tomar conciencia de los pensamientos, sólo le quedará un paso para lograrlo. Se requerirá un poco más de concientización intensiva, y usted empezará a reflejar, como un espejo, los estados anímicos, las emociones, los sentimientos. En cuanto usted esté consciente de estas tres capas, todas ellas se unirán en un solo fenómeno.
Y cuando las tres capas se conviertan en una unidad, en un todo íntegro, que funciona en pleno acuerdo, en resonancia, cuando usted sienta la música de los tres niveles, cuando se conviertan en una orquesta, entonces ocurre la cuarta fase, aquello que usted no puede hacer. Esa cuarta capa sucede por sí misma. Es el regalo de la integridad, es el premio para quienes ya dieron los primeros tres pasos. El cuarto es la conciencia extrema, que despierta al ser humano. El ser humano toma conciencia de su propia concientización. Así surge Buda, el ser despierto. Y sólo en este estado el ser humano conoce el regocijo.
El cuerpo sólo conoce el gozo, la mente sólo conoce la felicidad, el corazón sólo conoce la alegría; mientras la cuarta parte conoce el regocijo.
El regocijo es la meta del sanyasin, la meta de sus búsquedas; y la toma de conciencia, el camino hacia ella. Lo importante es que usted permanezca en observación, que no se olvide de observar, que observe… observe… observe. Poco a poco, en la medida en que el observador se hace más y más fuerte, resistente, infatigable, se produce la transformación. Por primera vez el mismo observador se convierte en observado, el que percibe se convierte en percibido. Usted ha llegado a casa.
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