|
LA
FELICIDAD
Existe
un relato para ilustrar este tema de la felicidad.
El
del escritor ruso León Tolstoi que cuenta la historia de un rey en la antigüedad que se
encontraba muy enfermo, casi a punto de morir. Al rey lo habían
visitado los mejores médicos de todos los confines de la tierra y ninguno había
logrado dar con la clave de lo que estaba acabando con la vida del monarca. Finalmente llamaron a un viejo médico que era muy sabio y
tenía fama de mejorar a todos sus pacientes, para que examinara, diagnosticara
y alentara al rey. El médico acudió al
instante, le mandó tomar al rey unos exámenes de urgencia y después de un
minucioso análisis, terminó la consulta. Finalizada la visita, todos le
preguntaron: ¿Qué le pasa al rey y cómo se
puede alentar? El sabio médico, respondió:
su majestad, el rey se está muriendo de depresión,
lo único que puede salvarlo es que le pasen la energía de un hombre feliz ¿Y como podemos pasar a una persona, la energía de otra?
Preguntaron. El
médico respondió: pónganle la camisa de un
hombre feliz; verán como se salva. Apenas
escucharon esto, los asistentes del reino se preguntaron: ¿En dónde habrá una persona feliz, que nos preste un momento
su camisa para salvarle la vida al rey que se está muriendo de depresión?
Enviaron cuatro mensajeros disponibles por todas
las aldeas del reino, buscando un hombre feliz para solicitarle su camisa y así
salvarle la vida al rey. El primer mensajero
fue de inmediato a buscar al hombre más rico de la región y le preguntó:
¿Señor es usted feliz? no puedo ser feliz, ¿No
ves que todo el tiempo estoy temeroso de que me roben? ¡Y por andar cuidando lo que he conseguido, no tengo tiempo
para disfrutar mi familia, mis riquezas por andar pendiente de mis propiedades
y de mis empleados!. Otro mensajero había
buscado al político más prestigioso y más reconocido del reino, haciéndole la
misma pregunta: El político respondió: No puedo ser feliz,
porque todos mis colegas me tienen envidia y me toca vivir pendiente de ellos,
a todo momento viven tramando estrategias para desprestigiarme. ¿Cómo quieres que sea feliz, cuando no puedo hacer más
para que la gente pobre de este reino, viva mejor?. El tercer mensajero había buscado al profesor más
importante del reino. Era un hombre muy
estudioso y considerado por todos como el más inteligente de la región. Y le hizo la misma pregunta a la que respondió: ¡No buen hombre!, Me pase la vida educando en las aulas y
muchos de mis alumnos, me decepcionaron, se volvieron corruptos al dejarse
tentar por el dinero mal habido y utilizaron mis enseñanzas para destruir y
acabar con la humanidad. El cuarto
mensajero, preguntó por alguien conocido feliz, alguien le dijo: recorra la orilla de la quebrada, escuche con calma a un
hombre que canta y silva todo el tiempo. El
mensajero llegó al sitio recomendado y encontró una casa muy pobre; en
silencio, empezó a escuchar que dentro de la casita un hombre cantaba y silbaba
alegremente. Notó que la letra de la canción entonada por el hombre, decía que
era muy feliz. Empezó a golpear la puerta, gritando desde afuera. ¿Disculpe señor, usted quién es? Y el hombre de la casita respondió: ¡Yo soy un campesino
señor! Entonces el mensajero preguntó: y
dígame, ¿usted es un hombre feliz? Y el
campesino le respondió: ¡Claro señor soy un
hombre muy feliz: entonces el mensajero le
dice: ¡El rey se está muriendo y lo único
que lo salva es un hombre feliz le regale su camisa! ¿Usted estaría dispuesto a regalarle su camisa, para
poder hacer del rey un hombre feliz y salvarle la vida? El campesino va abriendo la puerta de la casita; mientras
el mensajero observa a un hombre sin camisa, el campesino le dice: ¡Claro señor, yo haría lo que fuera por salvarle la vida
al rey, el único problema es que soy muy pobre y como puede apreciar, no tengo
ninguna camisa! El campesino era tan pobre
que no tenía camisas y sin embrago era el único hombre feliz que encontraron en
todo el reino.
Content navigation go to: LA PARABOLA DEL CLAVO. |