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La Leyenda Secreta de Belovodye (Parte II) E-Mail

 

Cuarenta y nueve años después de que la séptima embajada partiera, un Viejo monje llego a Kiev desde Tsargrad y vivió siete años como un hermitaño. En este punto, anticipando su próximo fallecimiento, él reveló como una confesión la siguiente historia secreta, para que fuera transmitida de boca en boca como una revelación oculta. Y que esta saga sería propiedad de toda la Tierra sólo cuando el momento llegara.

 

Y que este tiempo se estaba aproximando.

Soy el mismo Padre Sergiy- dijo el viejo monje- quién, 56 años atrás, fue enviado por el Gran Duque Vladimir  el Sol Rojo en busca de  Belovodye.

El primer año viajamos bien. Unas cuantas personas  y ganado murieron en escaramuzas y en los pasos.

En el segundo año, habiendo pasado muchas Tierras extranjeras y dos mares, nuestro avance se complicó: La gente y el ganado estaban muriendo, las carreteras eran impasibles, y ninguna de nuestras búsquedas tenía información. La gente de nuestra embajada estaba descontenta, quejándose porque no podían ver el objetivo de nuestra empresa más cercano.

 Y ese momento se estaba acercando

 

A finales del segundo año, el camino nos llevó por un  desierto. Cuanto más avanzábamos más huesos de gente, caballos, camellos, mulas, y otros animales encontrábamos. Entonces llegamos a un lugar que estaba completamente cubierto con huesos, era un área bastante extensa, la gente se negó a avanzar más lejos.


En un consejo común, se decidió que aquellos que quisiesen regresar podían. Y el resto seguiría conmigo. Sólo dos personas quisieron continuar.

 

Al final del tercer año, primero uno y luego otro de mis compañeros enfermaron y tuve que dejarlos en campamentos.


Mientras me ocupaba del segundo enfermo, descubrí que aproximadamente hace unos treinta años, un buscador del país de las maravillas había pasado por aquí. Tenía una caravana de camellos con él, y el guía de esta caravana  aún estaba vivo y solo vivía a tres días de camino de donde estaba.

Mandé a por él, y él acepto guiarme hasta que hallara a otro guía.

 

Continuamente cambiando de guía de esta manera, procedí lentamente. Uno de mis siguientes guías me confió que, de acuerdo a las historias, otros buscadores del país secreto en el Este solían ir por este camino. Me regocijé en esta información y pasionalmente oré, imploré al señor que me llevará más lejos.


Mis guías cambiaran muchas veces más, hasta que encontré uno que me dijo que sabía, por las palabras de los que habían venido del Este, que en algún sitio por ahí,  en las alas montañas y a unos siete días de viaje, había un país maravilloso que muchos aspiraban visitar. Pero muy pocas veces alguien llegaba a él, y muy pocos de esos regresaban.

Finalmente alcanzamos un asentamiento donde se me dijo que estaba a tres días del país prohibido. Se  me llevaría hasta las fronteras, pero no más lejos. Cualquier guía moriría. El viaje debía continuarse a solas.

Después de rezar con el último guía, partí.

El camino subía y se hacía más estrecho. A veces sólo una persona, y con dificultad podía pasar.

Altas montañas con picos nevados nos rodeaban.

En la tercera mañana, después de levantarme al amanecer y subir algo más el guía me dijo que no podía continuar.

De acuerdo a distintas leyendas, dijo, había un asentamiento entre tres y siete días de viaje en dirección a la cima de la más alta montaña.
Pero muy pocos habían llegado.

Y el guía me dejó. Sus pasos desaparecieron…

 
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